La fascinante historia del Castillo de Itter durante la Segunda Guerra Mundial

Tras la rendición de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, el territorio ocupado por el Tercer Reich, pensado para extender un imperio glorioso que habría de durar un centenar de años, había quedado reducido a no más que ruinas.

Decenas de ciudades devastadas y civiles que huían ante la llegada de los aliados. Las tropas soviéticas y estadounidenses efectuaban su avance, liberando infames campos de concentración y países ocupados como Francia y Austria.

La fascinante historia del Castillo de Itter durante la Segunda Guerra Mundial

En los Alpes Suizos, el Castillo Itter fue escenario de una de las últimas batallas de la gran guerra; librada por primera y única vez, con soldados alemanes y americanos en el mismo bando, a fin de derrocar a los últimos bastiones nazis.

Dicha fortaleza había sido arrebatada a su antiguo propietario, para pasar a formar parte de las instalaciones del campo de Dachau. Sus paredes, fueron destinadas a convertirse en la reclusión de prisioneros franceses, bajo las órdenes de Heinrich Himmler.

La fascinante historia del Castillo de Itter durante la Segunda Guerra Mundial

Allí, se encontraban personas tan importantes como el Primer Ministro Édouard Daladier, el General Maurice Gamelin, el famoso tenista Jean Borotra y hasta la hermana del General Charles de Gaulle, Marie-Agnès de Gaulle, quien formó parte de la resistencia francesa.

Tras la huida de los guardias de Dachau, un par de reclusos del castillo fueron capaces de contactar con las fuerzas aliadas, para que acudieran a rescatar al resto.

La fascinante historia del Castillo de Itter durante la Segunda Guerra Mundial

El 5 de Mayo de 1945, una tropa de la Waffen SS llegó a cercar la salida, topándose con la obstinación de los propios prisioneros. El propio Jean Borotra sirvió de mensajero para la cuadrilla estadounidense, a fin de evitar que bombardearan el sitio. Ante la llegada de tanques estadounidenses y la noticia de la rendición oficial de Alemania, los nazis presentes terminaron por dimitir.

Hitler acababa de suicidarse en su búnker, apenas cinco días atrás.

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