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Los coloridos campos de Palouse en Washington

Palouse es una región que se encuentra en la parte noroeste de los Estados Unidos, entre el lluvioso estado de Washington, Idaho y Oregón. Aquí, la principal actividad de sus habitantes es la agricultura, pues el suelo es muy rico en nutrientes y fértil para producir diversos cereales y legumbres.

No obstante, esta no es ni de lejos la razón por la cual la pradera se ha hecho tan famosa en el país y más allá.

Explorar Palouse es literalmente como entrar en otro mundo. Su superficie de 3,000 millas cuadradas se encuentra poblada por grandes dunas de pasto que debido a su textura y color se han ganado la admiración de miles de visitantes. Entre ellos, fotógrafos y amantes de lo visual.

El origen de estos montículos se remonta a siglos atrás, durante las glaciaciones que alguna vez tocaron esta tierra. Este fenómeno sopló desde las llanuras glaciales, provocando depresiones de distintos tamaños en el suelo.


Las pendientes más pequeñas tienen entre 5 y hasta 130 centímetros de profundidad, mientras que las más altas se pueden extender por metros. Es muy raro encontrar un solo trozo de tierra uniforme en Palouse.

Antes de la llegada de los colonos europeos, la hierba era muy abundante en esta región, pero con el crecimiento de la agricultura intensiva y prácticas como el pastoreo, se modificaron los pastizales. Hoy en día, este se considera uno de los ecosistemas más precarios de los Estados Unidos, pues sus pastos han decrecido considerablemente.

Algunas de las fotos más célebres de Palouse han sido tomadas por fotógrafos como Chris Froelich y Ryan McGinty. Aquí puedes ver las más hermosas; incluso antes de que el prado perdiera todo su esplendor.

Como curiosidad, una de las imágenes tomadas en esta colorida pradera fue por muchos años, un fondo de pantalla icónico del sistema operativo de Microsoft.

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Guapetón invita a mujer sin techo a comer cada martes, a las semanas ella revela secreto que cambia todo

Greg Smith es un hombre apuesto y sin dificultades financieras, que recientemente compartió su maravillosa historia por Facebook. Oriundo de Orlando, Florida; él contaba que siempre que iba al centro de la ciudad a trabajar, se encontraba con Amy Joe, una mujer indigente que no tenía trabajo.

Lo que más le impresionaba de Amy es que, a diferencia de otras personas pobres, jamás le había pedido dinero. En cambio siempre lo saludaba y le dirigía unas palabras amables: “Buenos días señor, que tenga buen día. ¡Dios lo bendiga!”.

Desde entonces, Greg empezó a invitarla a comer cada martes en un restaurante cercano.

Él cuenta que Amy no es viciosa; no fuma, no bebe ni usa drogas. Le sorprendió mucho saber que la única razón por la que estaba desempleada, era que no sabía leer. La mujer le contó que el poco dinero que le daban, lo empleaba en ir a la biblioteca a conseguir libros para aprender en vez de gastarlo en comida, pues quería superarse y encontrar un trabajo.

A Greg se le rompió el corazón.

Cada martes, cuando se reúnen para comer, Greg lleva un libro consigo y es su profesor de lectura. El resto de la semana, Amy practica por sí misma.

“Ahí afuera hay mucha gente como Amy Joe”, escribió él en su post, “no todos son desamparados o no tienen que comer, incluso podrían ser tus amigos o familiares. Ayudar a otro es tan fácil como saludarlo o sonreír. Yo he sido lo bastante afortunado en mi economía como para cuidar de Amy Joe, así que lo hago pues nunca sabes lo que puedes hacer por los demás hasta que intentas. ¿Quién es tu Amy Joe?”

Este atractivo hombre invitaba a la misma mujer a comer todos los martes, luego ella le confesó su secreto…

Su historia nos recuerda que no debemos juzgar a nadie por su apariencia. Las buenas acciones pueden cambiar vidas.

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Hallan 10.000 bebés enterrados en su terreno – al revelarse la razón me quedo sin respiración

Tong Phuoc Phuc es un hombre de Vietnam que en el 2001 dio inicio a un insólito proyecto. En ese entonces, su esposa estaba embarazada y su parto estaba teniendo complicaciones. Mientras su marido esperaba, se percató de que muchas mujeres en el mismo estado entraban a la clínica pero se iban sin sus bebés. La razón era simple: estaban abortando.

Esto llenó el corazón de Tong de tristeza y reflexionando en ello, se prometió a sí mismo que si las cosas salían bien en el nacimiento de su hijo, se dedicaría a hacer algo por todas esas criaturas que no habían podido nacer.

Su mujer finalmente dio a luz y el bebé sobrevivió.

Tong adquirió algunas hectáreas de terreno en la ciudad de Nha Trang, en el monte Hone Thom. Allí se dedicó a construir un gigantesco cementerio en el que fue enterrando los cuerpecitos que el hospital le entregaba. Les había convencido de hacerlo para darles a esos niños una digna sepultura.

Hoy descansan en este lugar más de 10,000 bebés y se ha convertido en un lugar simbólico para Vietnam, en donde la tasa de abortos es muy alta. Muchas familias optan por deshacerse de sus hijos cuando saben que no van a poder mantenerlos, no son del sexo que esperaban o porque el gobierno no les permite tener más de dos hijos. Pero el cementerio no es el único logro de este generoso hombre.

Con ayuda de su esposa, su hermana y muchos maravillosos donadores, Tong ha construido un orfanato en el que las mujeres sin recursos pueden vivir hasta dar a luz.

Con todo su amor, él ha llegado a encargarse de las más de 100 criaturas que han llegado a habitar allí en los últimos cuatro años. Tong se considera el padre de todos.

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Anciano deja caer sus compras y esta madre le ayuda – Cuando descubre el engaño rompe en llanto

Cuando Melissa Whittington y su hijo Phillip acudieron a Walmart para hacer unas compras, no se imaginaron que un simple acto de bondad cambiaría por completo su día. Estaban a las afueras del establecimiento cuando notaron que a un hombre de edad avanzada, se le habían caído sus bolsas. Él tenía problemas para agacharse a recogerlas, así que Melissa de inmediato se le acercó.

Le preguntó si estaba bien y le ayudó a recoger sus víveres. El anciano le agradeció e insistió en recompensarla por las molestias, aunque ella alegó que todo estaba en orden. Luego, el hombre se volvió hacia Phillip y le preguntó que le gustaría recibir en Navidad.

Ninguno sabía que aquel viejecito, llamado Bill Greenham, era veterano de guerra y un voluntario asiduo del departamento de policía de North Port, Florida. En aquel momento los oficiales estaban vigilando al anciano, para ver que personas se acercaban a ayudarlo y recompensarlas.

Resultó que ese día era el cumpleaños de Phillip, pero su madre le explicó a Bill que no tenían dinero suficiente para comprarle un regalo. Su familia estaba pasando por tiempos difíciles.

En ese momento, uno de los policías apareció para hablar con ellos y le dijo al niño que lo acompañara adentro de la tienda.

Allí, múltiples empleados se encontraban trabajando en envolver regalos para repartir entre la gente que se acercaba a auxiliar a Bill. Phillip recibió una patineta nueva, (justo lo que quería para su cumpleaños) y Melissa rompió a llorar de felicidad.

No esperaba que su noble comportamiento fuera premiado de esa manera.

Esto nos enseña que si somos amables con los demás, la vida puede serlo con nosotros. Si puedes ayudar a alguien, no dudes en hacerlo y si no está en tu mano, al menos ofrécele una sonrisa sincera.

Nunca sabes lo que te espera más adelante.