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Él le cedió su asiento a una embarazada y entonces ella le obsequió esto…

Yvonne Lin, es una diseñadora de 38 años de edad, que hace poco se embarazó por segunda vez y aunque eso conllevaba para ella una gran felicidad, también tuvo que soportar todos los síntomas que aquejan a los jóvenes madres.

Náuseas, mareos, dolores de espalda y la dificultad de moverse con una enorme barriga… todo es peor cuando una tiene que abordar el transporte público.

Si bien cualquier podría pensar que las embarazadas son afortunadas por tener preferencia en cuanto a los asientos, la triste realidad es otra. Prácticamente ningún hombre la dejaba sentarse al verla abordar.

Quienes siempre le cedían su lugar, eran otras mujeres, mayoritariamente afroamericanas o latinas.

Fue entonces que Yvonne decidió hacer un peculiar experimentó. Empezó a cargar en su bolso una pequeña estatuilla de bronce, con la figura de un sujeto que se asemejaba muchísimo a Hulk y la siguiente inscripción en su placa:


“#1 TIPO DECENTE. Primer hombre en ofrecer su lugar a una mujer embarazada que ha atravesado por dos embarazos”.

Ella se lo daría como premio al primer chico que tuviera la caballerosidad de cederle su asiento. Pero con tan mala suerte que en ocho largos meses, ninguno de los hombres con los que se topó intentó hacerlo; y eso que llevaba ropas que dejaban ver su evidente barriguita.

Finalmente, un día se encontró con Ricky Barksdale, quien al principio no pareció notar su estado. Luego la miró, súbitamente se sobresaltó y se paró de su lugar.

“Por favor, siéntate aquí, acabo de darme cuenta”, le dijo.

Parecía muy avergonzado y a Yvonne le pareció muy dulce su comportamiento. Después de aceptar su ofrecimiento, sacó la estatuilla de su bolso y se la entregó, sorprendiéndolo gratamente.

La mujer espera crear más conciencia con esto, sobre la caballerosidad actual para con las embarazadas o personas que necesiten un lugar en el transporte.

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Equihen Plage, el pueblo de los barcos boca abajo

Al norte de las costas de Francia, existe un encantador pueblecito de pescadores conocido como Equihen Plage, que a diferencia de otros, se ha caracterizado por contar con una curiosa peculiaridad: sus casas, son barcos colocados boca abajo.

Bien, no todas, pero sí hay muchas de ellas que han sido adaptadas de tal forma.

Equihen Plage, el pueblo de los barcos boca abajo
Foto: Reddit

Se les llama “quilles en l’air” en francés, son encantadoras, cómodas y muy funcionales.

Equihen Plage, el pueblo de los barcos boca abajo
Foto: Joel Herbez

Esta tradición de renovar los navíos como moradas se remonta hasta inicios del siglo XX, donde no era raro que la marea arrastrara todo tipo de embarcaciones que quedaban envaradas en la península. Pronto, los pescadores vieron una oportunidad para aprovecharlos de manera útil.

Equihen Plage, el pueblo de los barcos boca abajo
Foto: Bertrand Hodicq/Wikimedia

Hasta antes de la segunda Guerra Mundial, varias familias habían convertido las fragatas invertidas en sus hogares, recortando puertas y ventanas en los costados y usando la cubierta como un techo resistente. Lamentablemente, los estragos del conflicto bélico terminaron con muchas de estas curiosas viviendas, aunque la costumbre consiguió prevalecer hasta la actualidad.

Equihen Plage, el pueblo de los barcos boca abajo
Foto: Bateloupreaut/Wikimedia

Hoy en día, Equihen Plage cuenta con varias casas barco especialmente reformadas, para atraer a numerosos turistas. Esta medida se llevó a cabo en la década de los 90, cuando el poblado pensaba en la manera de aumentar sus ingresos.

Equihen Plage, el pueblo de los barcos boca abajo
Foto: ville-equihen-plage.fr

Estos pequeños albergues son originales, acogedores y estupendos para disfrutar del mar y la cultura pesquera francesa. Los que están destinados al turismo, cuentan con instalaciones de baño, cocina y dormitorio en el mismo espacio, además de estar decorados al más puro estilo náutico.

Equihen Plage, el pueblo de los barcos boca abajo
Foto: en.patrimoine-de-france.com

En ellos, es posible pasar cada noche por precios de 300 euros en adelante; quizá bastante caro para la mayoría de la gente, pero sin duda una experiencia que vale la pena, tanto como quedarse en cualquier hotel de cinco estrellas.

Equihen Plage, el pueblo de los barcos boca abajo
Foto: en.patrimoine-de-france.com

Y a ti, ¿te gustaría dormir debajo de un barco?

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Le pidió a su esposo que sacara a su anciana madre de su boda y entonces, él hizo lo impensable…

Cierto día, una joven pareja de novios se encontraba celebrando su boda. Había mesas para todos los invitados, pero como era costumbre, ellos tenían la propia, decorada de manera lujosa y con las mejores viandas.

Durante la celebración, el novio le habló a su madre y le dijo que los acompañara, lo cual le disgustó a su esposa.

Le pidió a su esposo que sacara a su anciana madre de su boda y entonces, él hizo lo impensable…

Cuando la vieja se sentó junto a ella, la mujer se molestó y le pidió a su marido que la cambiara de lugar, puesto que esa mesa debía ser solo para ambos. Pero él se mantuvo firme: “Es mi madre y así como ella ha compartido sus momentos felices conmigo, yo quiero compartir este con ella”.

Sin embargo, su esposa insistió y afirmó que la anciana debía marcharse. Entonces el hombre, ya bastante enojado, se puso de pie para hablarle a sus invitados.

“¡Vendo a mi madre! ¿Quién está dispuesto a pagar por ella y cuánto? ¡Porque mi mujer no quiere que esté con nosotros!”

Todos se sumieron en un incómodo silencio. Entonces él volvió a hablar.

“Puesto que a nadie lo interesa, yo mismo lo voy a hacer, ¡por qué la amo!”. Luego, salió del recinto con la anciana ante la mirada estupefacta de todos.

Lo que sucedió en la boda se convirtió en noticia y el rumor llegó a oídos de un hombre muy rico, que además de felicitarlo por sus valores, le ofreció la mano de su hija en matrimonio.

“Al ver la manera en que defendiste a tu madre, no tengo dudas de que harías lo mismo por tu esposa”.

Agradecer a quienes lo han dado todo por nosotros en la vida, sin pedir nada a cambio, es uno de los gestos más hermosos que podemos demostrar mientras aún están a nuestro lado. Esta historia ha sido una prueba de ello.

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Escuchó risas en el baño, cuando se acercó y miró, supo que tenía que hacer algo…

Esta historia le sucedió a John Russell, un hombre soltero de 30 años que disfruta de sus tardes en el gimnasio y luego de una rica comida en un restaurante, ya que no le gusta cocinar.

Luego de una tarde de ejercicio, Rusell fue a su restaurante favorito con deseos de pedir una sopa de verduras que casi siempre ordenaba en aquel lugar, aunque no sabía que minutos después su tarde se arruinaría por culpa de unos adolescentes.

marcus

John estaba sentado cerca de la ventana y ordenó su comida a los pocos minutos. El restaurante tenía varias mesas ocupadas, por lo que se escuchaban platicas y risas distantes. Espero unos minutos y su sopa de verduras llego a la mesa. Cuando estaba por comer se distrajo por las risas de unos jóvenes, aunque notó que las risas no eran de ninguna mesa.

Al no ver nada continuó con su comida, pero las risas seguían y las escuchaba como si estuvieran a su lado, por lo que se percató que las risas venían del baño, así que decidió ir a ver qué estaba pasando.

interior baño

Cuando entro al baño se quedó asombrado de lo que vio, ya que dos jóvenes se estaban burlando de un anciano que ya no se pudo parar del escusado. Los adolescentes se burlaban de cruelmente del anciano.

Las manos de John comenzaron a temblar, tenía un gran coraje y por un momento tuvo el deseo de enseñarles a respetar a esos niños. Pero a pesar de ser un hombre musculoso y entrenado, se mantuvo calmado.

Los jóvenes le decían al señor que se levantará y que se apurará mientras golpeaban la puerta del baño.

Cuando John se acercó preguntó: “¿Qué ocurre?”, a lo que el señor le respondió que no tenía fuerzas para levantarse y que había olvidado su bastón en la mesa.

John lo levantó, le ayudó a subirse y abrocharse el pantalón, espero a que se lavara las manos y lo acompañó a su mesa. Luego regresó al baño, tomo a los dos adolescentes de la ropa y los azoto contra la pared. Les exigió que le fueran a pedir disculpas al señor o sino serían aplastados por sus puños. Los jóvenes apenas podían hablar, salieron del baño y se disculparon con el señor.